“La religión católica es suave cuando se comprende la oración”: Dr. Plinio

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En 1957 Plinio Corrêa de Oliveira hizo seis conferencias sobre el libro El Gran Medio de la Oración, de San Alfonso María de Ligorio.

Redacción (19/05/2021 18:37, Gaudium Press) Cuando por el año 1957 el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira profirió seis conferencias sobre El Gran Medio de la Oración de San Alfonso, lo hizo pensando en que era algo más que necesario, por lo trascendente del tema, por la verdadera necesidad de recalcar en sus discípulos que sin la oración nada se puede hacer.

La obra de San Alfonso María de Ligorio – a la manera de opúsculo – es sencillamente algo gigantesco. El propio San Alfonso, que fue un genio, decía que era lo más importante que había escrito. El Dr. Plinio comentaba que así son los santos, que saben que no pecan de inmodestia cuando dicen la verdad.

Ocurre con la obra de San Alfonso algo que es típico en muchos escritos de los santos, y es que por encima de ideas, citaciones y textos, se desprende de esas letras un perfume magnífico que mueve al lector a seguir sus consejos, aroma que entusiasma, que convence no solo a la cabeza sino que conmueve el corazón, que ratifica que lo ahí dicho es muy valioso. No podemos hacer otra cosa sino recomendar su lectura.

Y para impulsar a hacerlo, repitamos aquí algunos de los comentarios del Dr. Plinio sobre ese verdadero resumen-tratado. 1

La forma de desatascarse

Decía el Dr. Plinio que con frecuencia los hombres y los pueblos se atascan en la vida espiritual, se deparan con un escollo que los paraliza y que la gran solución para esto es entender que Dios no creó el Cosmos para dejarlo a su deriva, sino que “hay una especie de sociedad entre nosotros y Dios, en todo lo que Él ha hecho de más augusto. Dios quiere ayudarnos y también acompañarnos”. Y esa ayuda se obtiene con la oración:

He aquí el problema: ante el atasco en la vida espiritual, las meditaciones, los ejercicios de piedad, por sí solos, no sirven para nada. La persona se cristaliza, se atasca, y el medio de desatascarse es la oración”.

Dios quiere ser “nuestro Divino Cirineo. Él no es, por tanto, un extraño en nuestra vida”. “Nuestro Señor busca que le consolemos, a pesar de ser fuente de toda consolación. Quiere entrar en nuestra vida particular, en nuestra vida personal, tomando parte en ella a petición nuestra, ayudándonos tanto en nuestra vida espiritual como en nuestra vida terrena”. Se quejaba el Dr. Plinio, como también lo hace San Alfonso en su obra, de que “son muy pocos los predicadores que muestran ese papel de Nuestro Señor ayudándonos a cada uno”.

¿Cuál es la solución al atasco, a la parálisis, al estancamiento? “Está en comprender aún más profundamente ese papel de Cirineo que Nuestro Señor hace con cada uno y comprender que la actuación de la Providencia se consigue mediante la oración”. Esa sensación de la cercanía de Dios, también debemos pedirla en la oración, pues es comúnmente fruto de la tibieza, y Dios también tiene cura para la tibieza en la oración.

El pecador y la oración

Es típico del tibio o del pecador – recordaba San Alfonso y acentuaba el Dr. Plinio – creer que Dios no nos escucha por nuestra tibieza o nuestro pecado.

Sin embargo, debemos tener “la convicción viva, real, de que Dios no nos pide que tengamos virtud como condición para atender nuestras oraciones. Él nos atenderá por causa de las oraciones de la Virgen María”. El pecador reza y es la Virgen, como dice San Luis María de Montfort, quien presenta esa ofrenda miserable al Creador, pero como es presentada por ella, Dios la toma muy en cuenta.

Nos invita el Dr. Plinio a recordar los muchos favores que Dios ya ha hecho en nuestras vidas, incluso hasta verdaderos milagros, también en el orden espiritual. “El punto de gravedad recae siempre en lo mismo: se trata de pedir. ¡Quien pide alcanza! No se trata de merecer, no se trata ni siquiera de corresponder, se trata de pedir, porque si se pide con insistencia, viene la correspondencia, viene el mérito, viene todo”.

Pedir y pedir

Es decir, ‘¿soy un miserable?’ Tranquilo, rece. ¡Pero si soy pecador! Rece. ¿Y si soy más que pecador? Rece más. “Es preciso pedir, pedir, pedir; no hartarse de pedir; pedir con esa confianza. Es necesario insistir en esto”.

Debemos escribir con letras de bronce en nuestra alma que “Dios puede modificarme”, “que Dios sabe cómo modificarme”, y “que Dios tiene el poder de modificarme”. Y para que él realice esa maravilla en nuestras almas solo hay una condición: “Es pedirlo, y la condición para que mi petición sea atendida es la importunidad, virtud evangélica tan recomendada por Nuestro Señor”. Por tanto, pedir y pedir.

En la parábola del Buen Pastor hay un aspecto muy curioso: la oveja está en una situación en la que no puede moverse más. Está completamente enmarañada. Y el Buen Pastor toma la iniciativa de sacarla de la mala situación en la que se encuentra. Es la imagen de Dios cogiendo a un alma desecha, reventada, levantándola y llevándola a hombro”. Dios quiere hacer eso, eso redunda en su gloria. Y eso se consigue con la oración.

La religión católica es suave cuando se comprende la oración”, afirmaba el Dr. Plinio. El pecador peca porque no reza, pero si reza acaba venciendo al pecado: “Si alguien peca, no se trata de vociferar, ni de airarse, ni de enfadarse con él, sino de hacer que tienda la mano hacia Dios. Tampoco se trata de decirle: ‘Quédese en pecado, pues es comprensible que no aguante la carga’, sino ‘¡Rece! Dios tiene su mano tendida hacia Ud’ ”.

La oración es más necesaria hoy

Si lo siguiente ya lo decía el Dr. Plinio en 1957, hoy es muchísimo más real: “Tengo la seguridad de que si, en la tan difícil vida de hoy, cuajada de problemas, rezásemos unas jaculatorias para cada necesidad – temporal o espiritual – pidiendo a la Virgen que nos facilite esto, que nos simplifique aquello, conseguiríamos muchísimas cosas. No lo conseguiríamos todo, porque está en la providencia de Dios que algunas cosas no se consigan; pero, a cambio de éstas, conseguiríamos otras”.

El Dr. Plinio, como eximio analista de los espíritus que era, conocía las dificultades psicológicas que el hombre opone a la oración:

Dios sabe que los hombres tienen poca propensión a pedir por toda clase de razones: por querer hacer las cosas personalmente; por querer escalar el Cielo mediante el propio esfuerzo y no por la gracia de Dios; por no querer creer en la misericordia divina; en fin por niñerías de los más diversos géneros”. Naturalismo, pelagianismo, tan viejos como el hombre.

Pero , fíjense bien: este es el punto más importante en la batalla de la vida espiritual. Si pedimos efectivamente la gracia de compenetrarnos de esa verdad – porque esa gracia es también preciso pedirla; no basta un ejercicio mental para compenetrarnos de ella – la Virgen María no dará el resto”. Casi se podría decir: ‘Comprended que Dios lo puede y lo quiere hacer todo en vuestras vidas, pedidlo, y el resto os será dado por añadidura…’.

Es claro, la oración nuestra debe ser la del publicano, no la del fariseo: “Cuando alegamos el título de pecador, somos atendidos. Es una bobada pensar que debamos tener un alto grado de virtud para ser atendidos por Nuestro Señor en nuestras oraciones. Es preciso apartar esa idea heterodoxa”. El fariseo, ese que reza reclamando de Dios un premio por su ‘virtud’, ese aleja a Dios.

El Dr. Plinio, tras las huellas de San Alfonso, recalca la perseverancia en la oración, tanto en la consolación como en la sequedad:

En primer lugar, que cada uno incluya en su rutina espiritual una oración para que Dios nos conserve una perfecta perseverancia; en segundo lugar, que procuremos también que haya quien rece por nosotros. (…) Pero la mejor persona que puede rezar por nosotros, ya lo sabemos, es la Virgen María. Debemos rezarle mucho a la Virgen., El alfa y omega de todo lo que he expuesto es la oración a la Virgen. Ella es la Medianera de todas las Gracias”.

Por Carlos Castro

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1 Plinio Corrêa de Oliveira. Comentarios al Libro El Gran Medio de la Oración de San Alfonso María de Ligorio. Madrid. 1997. De ahí se toman todas las citas.

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