Virgen de Chiquinquirá: la primera flor de un ‘jardín mariano’

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Una corta historia de esta advocación, que es Patrona de Colombia.

Redacción (09/07/2021 10:07, Gaudium Press) Hoy, cuando en pocos minutos en los jardines vaticanos se entronizará un mosaico de la Virgen de Chiquinquirá, ofrecemos a nuestros lectores una corta historia de esta magnífica advocación, que es la Patrona de Colombia:

“¡Colombia, tierra de la Virgen; Colombia Jardín Mariano!”: la bella expresión de Pío XII (1) encuentra todo su sentido cuando se piensa en las muchas manifestaciones milagrosas habidas en este país: Nuestra Señora de la Peña, Nuestra Señora de las Lajas, Nuestra Señora del Milagro, Nuestra Señora de Torcoroma… Entretanto, la precursora flor de ese jardín fue la Virgen de Chiquinquirá, primera manifestación milagrosa de la Madre de Dios en Colombia.

Ya en 1555 Antonio de Santana era el Encomendero de Sutamarchán (2), a 150 kilómetros al norte de Bogotá: Encomendero, es decir encargado de un grupo de indígenas en un territorio determinado. Encomienda de Sutamarchán, al oriente de la ciudad de Tunja, que incluía los terrenos de lo que después sería Chiquinquirá. Amaba Santana a la Virgen del Rosario, y para colocar en la rústica capillita que había edificado en su hacienda en Suta, pidió al hermano dominico Andrés Jadraque que consiguiera alguien en Tunja que le pintara un cuadro con esta advocación. Fue pues Fray Andrés y allí encontró al pintor español Alonso de Narváez a quien encomendó el cuadro, por la suma de 20 pesos oro.

Está pintada sobre una manta de algodón

Una manta de algodón de esas que usaban los indios sirvió de lienzo; no hubo óleo sino los sencillos colores que también ellos utilizaban, ‘al temple’. El manto era casi cuadrado, y a los lados de la Señora hubo espacio: el derecho para San Antonio de Padua, patrono de Antonio, y el izquierdo para San Andrés Apóstol, patrono del fraile. Muy contento quedó el Encomendero al contemplar su Virgen de manto carmesí, portando su Niño de pajarillo en mano; alegre también con los dos santos de la corte de la Señora del Rosario.

Pero el paso del tiempo, la casi intemperie de la capilla y la precariedad de los materiales fueron haciendo su obra, de manera tal que cuando en 1564 el P. Juan Alemán de Leguizamón fue allí a decir misa, tuvo escrúpulo de rezarla ante un cuadro de perdidos colores y personas sin figura, lienzo que además ya tenía agujeros –grandes y pequeños–, por lo que pidió otra imagen. Parecía pues el final de la historia de esta Virgen del Rosario, que había animado la devoción del Encomendero español, su esposa y vecinos.

Catalina de Santana se traslada a Chiquinquirá

Muerto Antonio de Santana, su esposa Catalina decide trasladarse a Chiquinquirá y con ella viaja el cuadro harto deteriorado. Hasta allá llega a acompañarla María Ramos, su pariente política, mujer piadosa y terciaria dominica, que encuentra un día la manta con el bastidor despedazado y los rasgos de lo que otrora era una bella imagen. Como pudo, volvió a armar el bastidor y colgó el cuadro en la capilla, para allí rezar y rezar y decir de tanto en tanto: “¿Hasta cuando, Rosa del Cielo, habéis de estar tan escondida?”

Eran alrededor de las 9 de la mañana del 26 de diciembre de 1586: pasaba la india Isabel con su hijo Miguel ante la capilla. Miguel ve él primero los vivísimos resplandores que salían del cuadro, particularmente del rostro de la Virgen, y advierte a su madre, que corre a buscar a María Ramos. Los colores del cuadro habían recobrado su esplendor, las figuras sus contornos. Poco a poco fueron llegando los demás, Catalina de Irlos, Juana de Santana, Ana Domínguez… Todo ese día quedó encendido el rostro de la Virgen. En julio de 1588, las crónicas registran una nueva renovación luminosa del cuadro, renovaciones que se han venido repitiendo a lo largo de los siglos. Pero faltaban los agujeros…

Más manifestaciones milagrosas

Despuntaba el día el 5 de enero de 1589, y el P. Fernando de Rojas se aprontaba a decir misa con algunos feligreses, cuando vieron todos admirados que una nube blanca y brillante cubría la imagen, nube que permaneció todo ese día y el siguiente hasta las 5 de la tarde. Desde entonces los agujeros se fueron cerrando, hasta desaparecer por entero. Los favores –espirituales y materiales– obtenidos por su intercesión han sido innumerables.

Desde 1636 (3) es la Orden Dominica la encargada de la custodia de la imagen. Fue ella coronada canónicamente el 9 de julio de 1919. El 6 de julio pasado iniciaron los festejos por los 100 años de esa coronación, con eucaristía asistida por casi todos los obispos de Colombia; el 9 de julio, se realizó misa solemne por el centenario, presidida por el Cardenal Raymundo Damasceno Assis, legado pontificio, y con la asistencia del Presidente de Colombia. Es la Virgen de Chiquinquirá la promesa fehaciente de la restauración espiritual de todos los que son sus devotos.

(Texto tomado, con adaptaciones, de la Revista Heraldos del Evangelio)

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1. Pío XII. Radiomensaje con motivo de la Clausura del Congreso Mariano Nacional de Colombia. 16-VII-1946.

2. Cfr. Fr. Tomás María Vergara R. O.P. La Reina de Colombia – Sus Milagros y Favores. Chiquinquirá. 1973.

3. Cfr. José Manuel Groot. Historia Eclesiástica y Civil de Nueva Granada – Tomo I. Biblioteca de Autores Colombianos. Bogotá. 1953. p. 468

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