¿El Dios de los beneficios o los beneficios de Dios?

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Hoy, hay quienes siguen a Nuestro Señor por amor; pero hay quienes lo hacen por mero interés, esperando que Él les conceda una vida cómoda y materialmente estable.

Redacción (26/07/2021 14:11, Gaudium Press) En la liturgia de ayer se nos presentan dos milagros, dos multiplicaciones de panes.

En la primera lectura (2 Reyes 4: 42-44) el profeta Eliseo pone a prueba la Fe de un hombre que viene a darle pan hecho con las primicias de la tierra, diciéndole: “Da al pueblo a comer”; y en el Evangelio (Jn 6, 1-15), vemos la delicadeza y bondad de Nuestro Señor al distribuir a una gran multitud, de aproximadamente cinco mil hombres, la comida necesaria, multiplicando los cinco panes y dos pescados que traía un niño consigo.

Naturalmente, nos vemos llevados a considerar el aspecto práctico de tales eventos: una multitud hambrienta, falta de comida, Dios obra un prodigio y a todos sacia.

Sin embargo, no es propio de Dios hacer milagros solo para la satisfacción corporal de otros, como a muchos les gusta pensar. Siempre tiene un propósito mucho más sobrenatural y elevado en todo lo que hace de lo que nuestro pragmatismo quiere desear.

Avanzando algunos capítulos en la lectura del Evangelio de San Juan, leemos que “al día siguiente la multitud subió a las barcas y vino a Cafarnaum, buscando a Jesús”. ¿Y qué hizo el Divino Maestro? ¿Multiplicó más panes para saciar su hambre?

Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo que me buscáis, no porque visteis señales, sino porque habéis comido pan y se os habéis saciado. Trabajad, no por el alimento que se pierde, sino por el alimento que permanece hasta la vida eterna”. (Cf. Jn 6, 22-27) Nuestro Señor quiso, más que saciar el hambre corporal de la multitud, mostrarles quién era él: el Mesías, el Hijo de Dios que debía ser seguido y honrado.

Hoy, hay quienes siguen a Nuestro Señor por amor; pero hay quienes lo hacen por mero interés, esperando que Él les conceda una vida cómoda y materialmente estable. Parafraseando a Santa Teresa de Ávila, hay hombres que buscan los beneficios que Dios les puede brindar; estos aman los “beneficios de Dios” pero no buscan amar y servir al “Dios de beneficios”.

San Pablo nos muestra que la solución para desprendernos de esta visión pragmática y materialista es seguir el camino que Dios ha trazado para cada uno de nosotros, sin desviarse nunca de esta llamada: “Os exhorto a caminar según la vocación que habéis recibido” (Ef 4, 1). ¿Cuál es el llamado que Dios me da? La santidad, el cumplimiento de los mandamientos y deberes de piedad de un verdadero católico.

Por João Paulo de Oliveira

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