San Conon, hortelano, anciano martirizado

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Cae mártir bajo la persecución de Decio, por vuelta del año 250. Redacción (05/03/2022 10:37, Gaudium Press) Entre otros santos, la Iglesia venera hoy a San Conon, jardinero. San Conon era de Galilea, pero se había retirado a Panfilia en el sur del Asia menor. Bajo la persecución de Decio, el prefecto Publio llegó a… Ver artículo
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Cae mártir bajo la persecución de Decio, por vuelta del año 250.

Redacción (05/03/2022 10:37, Gaudium Press) Entre otros santos, la Iglesia venera hoy a San Conon, jardinero.

San Conon era de Galilea, pero se había retirado a Panfilia en el sur del Asia menor.

Bajo la persecución de Decio, el prefecto Publio llegó a su región y quiso que todos los habitantes se reuniesen con él. Pero un tal Naódoro, pidió autorización para buscar a los que no habían acudido.

Realmente, Conon, ya anciano, no había asistido, y hasta allá llegaron los que buscaban a los ausentes.

– El prefecto os llama, le dijeron.

– ¿Qué quiere de mí el prefecto? -dijo Conon-, soy un extranjero y, sobre todo, un cristiano. Que busque el prefecto a quienes tengan su misma calidad y rango, en vez de un pobre hombre como yo, que trabaja con pena la tierra. De hecho, San Conon no era más que un hortelano, de una pequeña huerta.

Lo cierto es que ataron a San Conon a un caballo y se lo llevaron a rastras.

Cuando se lo presentan al prefecto Publio, sus captores lo anuncian como bienamado de los dioses, y sumiso a ellos.

Pero entonces San Conon, interviene:

– “¡No es cierto! ¡Yo no obedezco sino al gran Rey que es Cristo!”

El prefecto le pregunta quién era, cuál era su familia, a lo que San Conon retruca:

– Soy de Nazaret de Galilea. Mi familia es la de Cristo, a quien desde mi infancia reconozco como a supremo Dios.

– Si conoces a Cristo como un Dios -responde el prefecto-, reconoce también a nuestros dioses y ríndeles homenaje.

San Conon, levantando al cielo sus ojos, dice:

– ¡Impío! ¿Cómo puedes blasfemar así del Dios Supremo?, te aseguro que no podrás persuadirme a que haga lo que dices.

Entonces el prefecto Publio ordenó que le clavaran clavos en la planta de los pies, y así lo obligó a que corriera delante de su carro.

El anciano, fortalecido de una energía especial, lo hizo, mientras entonaba el Salmo : “Esperé en Yahvé confiadamente y se inclinó hacia mí y oyó mi grito”. De esta forma, quería que no escaparán lamentos de sus labios, sino solo alabanzas a Dios.

Pero en determinado momento le faltaron las fuerzas, cae agonizante y proclama “Señor, recibe mi espíritu”, para después morir.

Con información de El Testigo Fiel

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