San Efrén diácono, ‘Poeta de la Virgen’ y Doctor de la Iglesia, cítara del Espíritu Santo

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San Efrén nace probablemente en el año 306 en la actual Turquía, en Nísibe o Nísibis, actualmente Nusaybin. La ciudad queda al sureste de Turquía. Redacción (09/06/2022 06:51, Gaudium Press) Hoy la Iglesia celebra a San Efrén diácono, doctor de la Iglesia y poeta que fue llamado “cítara del Espíritu Santo” o también “el Poeta… Ver artículo
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San Efrén nace probablemente en el año 306 en la actual Turquía, en Nísibe o Nísibis, actualmente Nusaybin. La ciudad queda al sureste de Turquía.

Redacción (09/06/2022 06:51, Gaudium Press) Hoy la Iglesia celebra a San Efrén diácono, doctor de la Iglesia y poeta que fue llamado “cítara del Espíritu Santo” o también “el Poeta de la Virgen, pues muchas de sus composiciones se dedican a la alabanza de la Madre de Dios.

San Efrén nace probablemente en el año 306 en la actual Turquía, en Nísibe o Nísibis, actualmente Nusaybin. La ciudad queda al sureste de Turquía.

Se cuenta que San Efrén tuvo un sueño en el que vio que de su lengua nacía una mata de uvas, planta que se extendía por muchas regiones llevando a todas ellas bellos racimos de esa rica fruta: toda una profecía de su bella misión aquí en la tierra.

Su padre era un sacerdote pagano y rechazaba la formación cristiana que su esposa impartía al niño. Recibe sin embargo el bautismo cuando alcanza los 18 años, y parte a Edesa donde vive de su propio trabajo. Después, en el 338 su ciudad natal es atacada por los persas, va en su ayuda, pero finalmente la ciudad es conquistada, por lo que regresa a Edesa, que queda también al sur de Turquía pero un poco más hacia el oeste.

Transmisor de la doctrina cristiana antigua

Va aglutinando seguidores, y con ellos funda una escuela teológica.

Como no conocía el griego, en su obra literaria no hay influjo de las discusiones sobre la trinidad que habían en la época. Él solo se dedica a transmitir la doctrina cristiana antigua, y para ello usa como canal la poesía.

Sus piadosos versos son de contenido didáctico (enseñanza) o de exhortación (incitación a la práctica de la virtud). Sirven perfectamente para ser cantados, y de hecho fue en gran parte por él que se introdujeron los himnos en las ceremonias católicas. Sus poesías tenían un estilo que las hacía fácilmente populares, por lo que pronto se difundieron muchísimo. Fueron ellas traducidas con esmero al griego, teniendo así amplia difusión.

Incluso en sus homilías, más que proclamar, San Efrén declamaba poesías; se recuerdan sus sermones como muy conmovedores. Para materia de sus declamaciones y escritos, se hallaba el profundo conocimiento que tenía de la Sagrada Escritura.

Dice San Basilio que tanto se amaban sus escritos, que en muchas iglesias después de leer la Escritura sagrada se leía un texto de San Efrén. Se quejaban los herejes que los himnos cantados de San Efrén atraían tantos fieles, que los templos de las sectas quedaban vacíos.

Hombre caritativo, amante de la Virgen

En el año 370 hubo una gran hambruna, en la que San Efrén organizó un grupo de personas para llevar alimento a los más necesitados y un grupo de 300 camilleros para llevar a los enfermos a lugares donde fueran tratados, lo que hizo que el pueblo le tuviera aún más afecto.

A la Virgen dedicó 20 himnos, que rezumaban de la más filial y tierna devoción. A la Madre de Dios él la llamaba “más resplandeciente que el sol, conciliadora del cielo y de la tierra, paz, alegría y salud del mundo, corona de las vírgenes, toda pura, inmaculada, incorrupta, beatísima, inviolada, venerable, honorable…”. Se conservan de él más de 77 himnos.

Él no fue sacerdote simplemente porque su humildad no lo quiso, y prefirió permanecer de Diácono.

Muere San Efrén en el año 373.

A continuación, una oración mariana compuesta por San Efrén:

Mi santísima Señora,

Madre de Dios,

llena de gracia,

tú eres la gloria de nuestra naturaleza,

el canal de todos los bienes,

la reina de todas las cosas después de la Trinidad…,

la mediadora del mundo después del Mediador;

tú eres el puente misterioso que une la tierra con el cielo,

la llave que nos abre las puertas del paraíso,

nuestra abogada,

nuestra mediadora.

Mira mi fe,

mira mis piadosos anhelos y acuérdate de tu misericordia y de tu poder.

Madre de Aquel que es el único misericordioso y bueno,

acoge mi alma en mi miseria y,

por tu mediación,

hazla digna de estar un día a la diestra de tu único Hijo.

Amén.

Con información de EWTN y Catholic.net

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