contact us

Use the form on the right to contact us.

You can edit the text in this area, and change where the contact form on the right submits to, by entering edit mode using the modes on the bottom right.

2017-3665 Arista Way
MISSISSAUGA, ON, L5A4A3

+1 647 283 0310

Lo Inédito Multimedia es un site innovador dedicado a promover música y eLibros exclusivamente en formato digital de download directo utilizables en dispositivos móviles,  de todas las marcas sean de plataforma apple o Android ofreciendo 100% de seguridad y garantia. Lo Inédito Multimedia focaliza sus energías y recursos en compartir con Ud. lo mejor de nuestros escritores y artistas: espiritualidad. Sin tardanzas. Sin flete. Sin costos adicionales de correo. Sin casas Editoriales ni sellos discográficos intermediarios y respetando el Medio-ambiente: directo a su caja de email. Lo Inédito Multimedia está formado por religiosos y laicos voluntarios de Toronto, Canadá, apasionadamente dedicados a evangelizar con Verdad, Armonía y Belleza. Sin plástico ni papeles. Sin paquetes o embalajes. Directo al corazón: de nuestra Familia espiritual a la suya.  El importe se sus compras está destinado a las obras de evangelización misionera.  Evangelizemos juntos un mundo de redes sociales y teléfonos móviles. 

El Señor no  está en la agitación

Articulos

El Señor no está en la agitación

Gospel Editor

 

La Revolución Industrial prometió progreso y grandes realizaciones, pero el mundo que se embriagó de su agitación encontró la frustración y se volvió sordo a la voz de la gracia.

Hna. Ariane Heringer Tavares, EP

Después del pecado original, y del consiguiente enflaquecimiento de la naturaleza humana, nuestro espíritu suele inquietarse a causa del desorden de las pasiones, fascinadas con aquello que, aun siendo lícito, les atrae. Pero existe otro poderoso motivo para la agitación, sobre el cual nos advierte San Pedro: “Vuestro adversario, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar” (1 Pe 5, 8).

Tras haberse rebelado contra Dios, Lucifer y sus secuaces sufren incesantemente los tormentos eternos y buscan a toda costa compartir su desgracia con el género humano, privándolo de las alegrías de la eterna contemplación. Por eso tratan de influir en las almas de las formas más diversas, para introducir en ellas la perturbación.

Un paroxismo de agitación

San Francisco de Sales califica esa clase de inquietud como el mayor mal que puede sobrevenir a nuestro espíritu, a excepción del pecado: “así como las sediciones y revueltas internas de una nación la arruinan enteramente y le impiden resistir al extranjero, del mismo modo nuestro corazón hallándose turbado e inquieto pierde la fuerza para conservar las virtudes que había adquirido y también los medios de resistir a las tentaciones del enemigo”.1

Desde el principio de los tiempos, el demonio siempre ha intentado exacerbar esa debilidad, pero después de la Revolución Industrial ha conseguido intensificarla aún más, hasta llegar al paroxismo de agitación propio a nuestra época.

Influencia de la máquina en la vida de los hombres

Es innegable que el desarrollo de la tecnología y de la ciencia genera numerosos beneficios y facilidades para la sociedad contemporánea. Por ejemplo, sería absurdo que en las intervenciones quirúrgicas de hoy día se prescindiera del uso de anestésicos, que para enviar una misiva se utilizaran las pintorescas palomas mensajeras o que para trasladarse de un país a otro hiciera falta emprender un largo viaje en velero o a caballo, como antiguamente.

No obstante, el dominio de la máquina y el mal uso de la tecnología traen consigo problemas bastante complejos, cuya existencia tal vez ni siquiera hubiera sido planteada en siglos anteriores. Uno de los efectos más devastadores de esto fue el surgimiento de un espíritu práctico, asaz tendente a la velocidad y al olvido de lo sobrenatural. Y sin saber muy bien cómo, ha calado a fondo en el alma humana afectando todo su modo de ser.

La presencia de la actividad mecánica ha ido sometiendo al hombre en todos los ámbitos de su vida y poco a poco se va sintiendo más dependiente de la máquina y asimilando su ritmo, sea en el trabajo, sea en los momentos de ocio o en la convivencia en familia, en suma, en todo el universo de su existencia.

Mudanza radical en las mentalidades

A medida que crece el imperio tecnológico, su influencia tiende a estar presente incluso en los campos más elevados de la vida humana y a crear un modo de enfrentar y solucionar sus problemas de forma mecanizada; lo que se está creando es una nueva mentalidad. La producción industrial en serie ejerce una fuerte acción en el hombre moderno, estandarizando sus ideas y gustos, llevándolo al hastío pesado y cansino de la masifcación de todo, que interrumpe únicamente para sentir el delirio excitante de los medios de comunicación de masas o de las hinchadas deportivas.

Hasta el siglo XIX la mayor parte de la gente aún llevaba una vida muy estable, marcada por los hábitos heredados de sus antepasados, rica en tradiciones y simbolismo.

Sin embargo, con la aparición de las fábricas y los cambios derivados de una asimilación poco sabia de los avances científicos y tecnológicos, se ha llevado a cabo una mudanza radical en las mentalidades. El “progreso” y el “desarrollo” prometían una era de paz y seguridad, en la que el hombre sería el rey absoluto de sí mismo y de sus acciones.

Esta brusca transformación de la cultura y de los ambientes causada por la Revolución Industrial ejerció una profunda acción sobre las tendencias humanas, incentivando la rebelión de las pasiones, ya desordenadas.

Un nuevo “dogma” pasa a regir la sociedad

Con el equilibrio del alma perjudicado por la velocidad de los acontecimientos y el espíritu tomado por las preocupaciones prácticas, no se le ha hecho difícil al hombre olvidarse de Dios...

A lo largo del proceso de industrialización, se fue consolidando la idea de que el progreso, la cultura y la técnica son, de por sí, capaces de hacer feliz a la humanidad. El optimismo ha invadido las mentes, la fruición de placeres terrenales ha pasado a ser el objetivo de la existencia, y el sufrimiento y el dolor han sido desterrados de la faz de la tierra; únicamente tolerados mientras no se encuentre un medio de erradicarlos.

Aprovechándose de ese estado de espíritu reinante, el demonio ha tratado de propagar la idea de que sólo la máquina y la velocidad pueden proporcionar al ser humano un verdadero placer, llevándole a pensar que para gozar la vida hay que estar siempre excitado.

El deseo de novedades ha pasado a ser el “dogma” de esta sociedad, conduciendo a la gente a cansarse rápidamente de las cosas y a querer a cada instante sustituirlas por otras. La estabilidad de otrora ha desaparecido. La calma necesaria para elevar la mente a Dios se ha vuelto una rareza. La contemplación, junto con otras muchas prácticas de la religión, ha ido siendo relegada cada vez más a un segundo plano, hasta desaparecer casi por completo de la vida cotidiana.

A partir de la era industrial se formó un tipo de laicismo que no rechazaba a Dios de manera categórica, pero ni se hablaba sobre Él ni sobre lo sagrado, dando a entender que las cosas de la religión no tienen importancia, que con la máquina y la industria el hombre vive perfectamente sin ellas.

Se rompía, pues, de un modo más o menos explícito, la necesidad de la relación que debe existir entre las criaturas contingentes y el Creador, dando como resultado el pragmatismo y materialismo de nuestros días.

La agitación aleja de Dios

En la vida espiritual existe un principio que nunca falla: lo que el demonio promete es precisamente lo que va a quitar. Y es lo que ha hecho con la humanidad en el período que estamos analizando. Basta con frecuentar cualquiera de nuestros grandes centros urbanos para constatarlo: en vez de paz, encontramos agitación; en vez de grandes realizaciones, frustración e infelicidad casi reversibles.

En nuestro mundo hay un barullo, un ruido ensordecedor que impide escuchar el timbre suave de la divina gracia. Tal alboroto puede ser considerado incluso en su sentido material.

Pero más que eso significa el tumulto de nuestras pasiones desordenadas, que nos llevan a actuar también de manera desordenada.

Las grandes ciudades, sobre todo, están marcadas por esa especie de perturbación difusa, por una agitación que embriaga y fascina. Y si el alma se deja llevar por el bullicio del siglo, la suave voz de Jesucristo, nuestro Señor, no llegará hasta ella, que hace oídos sordos a su gracia. Porque, como dice la Sagrada Escritura, “non in commotione Dominus” (1 Re 19, 11)... ¡El Señor no está en la agitación ni puede ser su causa!


 

1 SAN FRANCISCO DE SALES. Filoteia ou Introdução à vida devota. P. IV, c. 11. 8.ª ed. Petrópolis: Vozes, 1958, pp. 316-317

Libros relacionados